Pasar al contenido principal

Cuando vives viajando, es inevitable que te pasen cosas... Algunas buenas, y otras no tanto. Algunas estresantes, y otras divertidas. En este artículo, venimos a contarte una anécdota viajera, que nos apetecía compartir.

Corría el mes de julio de 2022, y nos encontrábamos en la Selva Negra, disfrutando de sus pueblos, ciudades, bosques y cascadas.

Tras varios días de visitar lugares turísticos, decidimos relajarnos un par de días en un pueblo nada conocido, pero que tenía un pequeño parking para autocaravanas sobre césped, en mitad de un entorno espectacular: verdes valles, vacas, bosques... Un paraíso, vaya.

Imagen
Un pequeño pueblo de la Selva Negra (Alemania)
Un pequeño pueblo de la Selva Negra (Alemania). Foto de @vivirnoescaro (Todos los derechos reservados)

Cuando llegamos había una carpa de fiestas pegada al parking así que preguntamos a un señor que la estaba montando, por si había algún evento privado o una fiesta esa noche y nos teníamos que mover. El señor nos contó (o eso entendimos) que a la mañana siguiente (domingo) habría fiesta con música para la gente del pueblo, y que estábamos invitados a pasarnos. ¿Fiesta con música? ¡Nos apuntábamos seguro! Empezaba a las 10 de la mañana. Nos pareció un horario un poco raro para una fiesta, pero en fin: estábamos en Alemania. Quizá aquí se estilaba empezar las fiestas pronto.

Aprovechamos la tarde para pasear por el pueblo y sus alrededores, saludando y sonriendo a todo el que se nos cruzaba por el camino. Allanando el camino para "hacer amigos" en la fiesta del día siguiente. Porque otra cosa no, pero mezclarnos con la gente de una zona, nos encanta.

Imagen
Nosotros sonriendo e intentando hacer amigos
Nosotros sonriendo e intentando hacer amigos. Foto de @vivirnoescaro (Todos los derechos reservados)

A la mañana siguiente, nos levantamos emocionados. Nos apetecía mucho la idea de pasar el día en una pequeña fiesta local con alemanes, donde esperábamos beber cerveza, comer salchichas y pastel de manzana y sobretodo, conocer gente interesante.

Cuando entramos a la carpa, vimos bancos, mesas alargadas y una barra al fondo con carteles de cerveza y comida con buena pinta y además a precios razonables.

Imagen
Carpa festiva
No hicimos fotos por no sacar a la gente, pero la carpa era algo parecido a esta de la foto. Foto de @Pixabay

Parecía que había un discurso antes de que empezara lo bueno, así que cogimos asiento, codo con codo con los lugareños y esperamos impacientes.

Y... sí.  ¡Y tanto que había discurso! Al mirar al escenario, vimos como se subía un cura, y nos percatamos por primera vez de la cruz al fondo del estrado. Pero ya era tarde para huir.

La tan esperada fiesta con música, lejos de ser un "Oktoberfest local" como habíamos imaginado... resultó ser una misa. Una misa que duró 2 horas de reloj y que nos tragamos enterita... en alemán. Nos parecía una falta de respeto levantarnos e interrumpir en mitad del discurso, así que afinamos el oído e intentamos entender algo. El cura parecía gracioso porque de vez en cuando la gente se reía y nosotros, aunque no entendieramos ni papa, nos reíamos con ellos, claro, por eso de integrarnos. El amén sí lo pillamos. Del resto, poco.

Imagen
Fiesta musical en Alemania
El engañoso cartel de la supuesta fiesta musical en Alemania. Hemos quitado el nombre del pueblo.

Pero "lo peor" estaba por llegar. Si eres religioso, por favor no te ofendas. Quizá para tí una misa tiene un trasfondo espiritual acorde a tus creencias. Lo respetamos, de verdad, pero a nosotros que no estamos en ese mundo y más teniendo en cuenta el idioma... nos resultó un auténtico tostón.

Tras dos horas de eterna espera, cuando parecía que la misa al fin estaba acabando, empezó a desfilar el monaguillo con el cepillo... Igual que en España.

Se notaba que era un pueblo con "dineros". La gente empezó a soltar billetes. Uno tras otro. ¡Billetes! Y nosotros mirándonos con cara de circunstancia y "rezando" para que pasara de largo. Pero llegó a nosotros. Casi nos morimos de vergüenza. Todo el pueblo miraba a los extranjeros a ver qué hacíamos.

Sonreímos, e hicimos un gesto de "no gracias, continúa", pero el monaguillo no se iba. Nos pusimos un poco nerviosos y empezamos a gesticular diciendo "Nein, nein". No sabemos qué pasó. ¿Quizá lo dijimos demasiado alto? ¿Quizá nuestro nerviosismo nos hizo montar un show y no ser lo suficientemente respetuosos? No se, pero a partir de ahí, la gente que nos estaba sonriendo hasta hace unos minutos, dejó de sonreírnos. ¡Ops!

Imagen
Cartel guilty culpables
Así de señalados y culpables nos sentimos...

Tras una probablemente corta espera, pero que se nos hizo eterna, el monaguillo pasó de largo. Alex y yo nos mirábamos entre avergonzados y, para qué negarlo, un poco descojonados por dentro por la situación.

Así que en cuánto terminó la misa y la gente empezó a levantarse... justo cuando empezaba lo que nosotros considerábamos "la fiesta de verdad"... decidimos cambiar nuestros planes. Ya haríamos amigos en otro lugar.

Nos levantamos sigilosamente y nos marchamos. Alex dice que el ambiente estaba incómodo. Yo era partidaria de quedarnos, probar la cerveza, escuchar la música que prometía venir detrás, e intentar entablar conversación. Quizá tras un par de cervezas alemanas, empezaran a sonreírnos de nuevo... ¿Qué habrías hecho tú?

Esperamos que te haya gustado nuestra anécdota viajera. Si quieres más, háznoslo saber con un comentario. También puedes suscríbirte a nuestra newsletter donde contamos cosas más personales como esta y otras historias del día a día. La encontrarás en el pie de página.

Te puede interesar...

Comparte!